

El Estado renunció a promover a que las generaciones más jóvenes se formen, lean, estudien y piensen, porque eso alienta a que sigan vivas, que sueñen y busquen conquistar su dignidad. Eso no es funcional para ellos. Sólo les servimos como mano de obra barata –trabajadores precarizados–, o cuerpos de desecho- como personas asesinadas y desaparecidas–. En los pueblos, cuando cuidamos los bienes comunes, somos obstáculo a su depredación. Por eso la tarea de educar a las infancias y juventudes de México hoy es una tarea subversiva. Las maestras y maestros del país lo hacen a diario en condiciones sumamente adversas. Y aún así, remando a contracorriente en las aulas, en estos últimos días, además, han ocupado las calles para defender sus derechos como trabajadores y al mismo tiempo defender la educación del país.
En la lucha por sus derechos están colocando en el debate nacional un asunto que nos debe preocupar a todos: nos han cancelado la posibilidad de vivir un futuro digno y nos están negando la posibilidad de algún día poder descansar sin morir de hambre. Con su lucha, alumbran la posibilidad de que esto se puede revertir. Demuestran que con base en la organización y la movilización podemos impugnar ese destino infame al que los ricos y políticos nos quieren llevar.
No es fácil movilizarse, plantarse en el zócalo, marchar diariamente, discutir en asamblea y, además, tener que velar por el sostenimiento de sus propias familias y saber que se debe volver a las responsabilidades de la escuela en cuanto la lucha lo permita. Sabemos del esfuerzo que implica, porque también luchamos y nos hemos enfrentado a esa indiferencia de una parte de la población, a las calumnias de los medios y a la cerrazón del gobierno.
En un momento político difícil, en el que las movilizaciones tienden a ser pequeñas, en que domina la apatía e indiferencia, en el que predomina el control social a partir del terror del narcotráfico o de las tarjetas del bienestar, ustedes hicieron algo muy grande. Se movieron cientos de miles de maestros en varias partes del país y avivaron la esperanza entre quienes luchamos. Nos animaron a seguir desafiando al Estado y sus leyes injustas. Alimentaron la rebeldía diaria con la que quienes luchamos nos movemos en contra de un sistema de destrucción y muerte. Y les agradecemos infinitamente por eso.
Desde Tejiendo Luchas, una coordinación de colectivos y organizaciones comunitarias, de familiares que buscan a sus desaparecidos, que luchamos por la defensa del territorio y por condiciones de vida digna, deseamos que esta nueva fase de lucha que inician, con el fin del plantón, les de más fuerza para seguir, que les permita reorganizarse y crecer. De nuestra parte haremos lo posible por estar cerca de ustedes para unirnos para que entre todas y todos seamos más fuertes, hasta que alcancemos la victoria.
¡Sin luchas no hay victoria!
Tejiendo Luchas